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Cardenal Rivera, Protector de Pedofilos, debe renunciar

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Sin duda que se libra una batalla campal de poder politico y eclesiastico en Roma y en Mexico en estos momentos. Los defensores de las victimas han lanzando una demanda legal en contra del cardenal. Otros lo defienden. He aqui dos comentarios contrarios:

A su consideración (Alberto Athie)
 

Como si nuestro interés fuera de tipo político, lo que estaría en juego en nuestra denuncia ante la PGR es incidir en la renuncia del cardenal Rivera y no en que rinda cuentas antes de que se vaya impune, que es lo central para nosotros.

Según Enrique Aranda -y les invito a leer todo su artículo-:

“…Nadie pues, ni siquiera el exsacerdote Alberto Athié —fallido aspirante a obispo, por cierto— que, en un gesto de oportunismo extremo, pareciera que intenta aprovechar la ocasión para construir consensos públicos con miras a imputar al prelado delitos y/o bien, hacerlo blanco de difamaciones.

El asunto, insistamos, depende sólo de una persona (del Papa)… de nadie más”.

De mi parte comento: Es decir, aunque un prelado de ese tamaño -para los católicos incondicionales el tamaño del prelado es el criterio de autoridad incondicional e impunidad que tienen- cometa delitos graves de encubrimiento de pederastas (15 reconoció finalmente al término de su mandato) dañando a muchas víctimas niñas y niños en este país y además no informe a las autoridades competentes para que intervenga, sino sólo a su Jefe máximo en secreto, además, sólo este Jefe máximo, el Papa, lo puede mantener en el cargo o quitarlo y nadie más!!! Dónde estamos? En qué país nos encontramos?

Para algunos católicos mexicanos este es el Estado de derecho soberano en el que nos encontramos. Un prelado mexicano puede hacer lo que se le pegue la gana -incluso cometer delitos graves en contra de niñas y niños, proteger a los agresores y no informar ni denunciar a las autoridades competentes- y, además, ser a su vez protegido por sus incondicionales que afirman que sólo su Jefe máximo puede intervenir en su permanencia o no en el cargo!!!

Por eso les invito a expresarse, incluso públicamente, si lo importante es respetar a prelados de este tipo, que, por ser lo que son, hagan lo que hagan, no tienen porqué rendir cuentas de sus actos a nadie y, además, dejarle sólo al Papa la decisión de cuándo debe retirarse simplemente sin que nadie les reclame nada…

Como dice el mambo famoso de Pérez Prado:
“Juárez no debió de morir—ay de morir”

(Hasta aquí Athie)

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(Abajo sigue el artículo completo publicado por Enrique Aranda al que alude Alberto Athie arriba) 


“En manos (sólo) del Papa…

Norberto Rivera Carrera sometería su renuncia a seguir encabezando la más importante y compleja jurisdicción eclesial del país, al apenas cumplir los 75 años.

Entregada presumiblemente en mano desde la pasada semana al Papa Francisco por su autor, aunque con fecha 6 de junio, la carta-renuncia al arzobispado de México no implica, de manera alguna, que el cardenal Norberto Rivera Carrera deba abandonar el cargo este martes ni, menos, que la encumbrada posición quedará vacante en espera de su supuesto sucesor pues, vale aclarar, ni lo uno ni lo otro ocurrirá, sino hasta que el Pontífice así lo decida. No antes, independientemente de las presiones mediáticas, aspiraciones y/o autopromociones.

Es verdad, como explicó él mismo en su oportunidad, que en cumplimiento de lo que establece el canon 401, párrafo 1 del Código de Derecho Canónico de 1983, el primado sometería (¿sometió ya?) su renuncia a seguir encabezando la más importante y compleja jurisdicción eclesial del país, en lo que a peso político y gobierno refiere, al apenas cumplir los 75 años de edad. Ello hoy, sin embargo, o en unas horas más de no haber sucedido ya, alienta más dudas y expectativas que certezas…

Más dudas, porque si bien propios y extraños dan por hecho el “inminente” relevo del duranguense que en 1995, procedente de la diócesis de Tehuacán, Puebla, llegó a la arquidiócesis metropolitana, sede del más importante santuario mariano existente a nivel mundial, a suceder a monseñor Ernesto Corripio Ahumada, nadie atina a definir una fecha de retiro y, menos, un destino para un hombre cuya innegable influencia y liderazgo, a la vista de la más compleja elección presidencial de las últimas décadas y en la que, puede usted apostar, la Iglesia tendrá mucho que decir, y eventualmente decidir, tiende a acrecentarse.

Así, al menos se perciben las cosas al más alto nivel gubernamental, por los rumbos del exPalacio de Covián para ser más explícitos, donde se alienta la idea y se cruzan apuestas en el sentido de que Rivera Carrera, quien apenas el viernes por la noche volvió de su más reciente visita a la Sede Apostólica, a la eterna Roma, pudiera mantenerse en el cargo “hasta bien avanzado el año en curso o, en una de ésas, hasta pasadas las presidenciales…”, en razón de ser él, en la actualidad, el único jerarca católico en activo con capacidad para interactuar en forma directa y clara con la totalidad de los actores políticos del país… independiente su filiación partidista y/o su personal posicionamiento doctrinal.

Definidas así las cosas entonces, y dejando siempre a salvo la personal y exclusiva facultad que al santo padre compete de aceptar de inmediato o diferir (el tiempo que juzgue conveniente) la aceptación de ésta u otra dimisión episcopal, nadie hoy puede apostar a la presión mediática como vía para avanzar en tal o cual sentido…

Nadie pues, ni siquiera el exsacerdote Alberto Athié —fallido aspirante a obispo, por cierto— que, en un gesto de oportunismo extremo, pareciera que intenta aprovechar la ocasión para construir consensos públicos con miras a imputar al prelado delitos y/o bien, hacerlo blanco de difamaciones.

El asunto, insistamos, depende sólo de una persona… de nadie más”

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