Legionario de Cristo Enfermo Mental, segun sus superiores

¡Tú eres un Enfermo Mental! – le dijeron sus Superiores Legionarios

Un Sacerdote Legionario describe como fue diagnosticado por sus superiores como Enfermo Mental, internado con engaño en un hospital psiquiátrico y tratado con medicinas psicotrópicas peligrosas; su instinto de auto-conservación, la amabilidad de un compañero y la ayuda de seglares y gente humilde le salvaron.
Este sacerdote, al escribir, quiso mantener el anonimato al máximo y por tanto no da nombres de personas o lugares. Usa con frecuencia “N” en vez del nombre del Legionario en cuestión.
Sólo se sabe que fue un sacerdote Legionario que salió de la congregación hace anios y ahora ejerce su ministerio en una diócesis.

Testimonio:

“Esto que comento pasó muy rápido y no tuve tiempo de reaccionar; casi como que no me di cuenta. Se acercaban las vacaciones. Nuestra comunidad ese año iba a ir a tal lugar a la casa de la familia X como el año antepasado, pues el mar era muy agradable y familiar.

Dos semanas o poco menos -no recuerdo bien- antes de las vacaciones, vino de visita a nuestra comunidad el Padre Asistente de la Vida Religiosa pues iba de vacaciones con las comunidades X e Y…que estaban en Z lugar y pasó por nuestra comunidad. Comió con los sacerdotes y religiosos y al final, delante de todos, me invitó a acompañarle a vacaciones. Ya no tenía mucho qué hacer y no me venían mal unos días extras de vacaciones; además decían que con el Padre N. te la pasas muy bien. Acepté inmediatamente.

En ese momento no me di cuenta de que el superior de la casa me apuró para que terminara rápido la maleta. ¡Por Dios, me acababan de invitar! Después me di cuenta que el superior me estaba “apurando” también. Me subí al coche y salí con el Padre. N.; pero no fuimos al lugar de vacaciones, sino que nos dirigimos a una cierta ciudad. El Padre me dijo que le tocaba chequeo médico y que pasaríamos al hospital. Me preguntó mi edad y me dijo que si ya me habían hecho la revisión. Le dije que no. Entonces me ofreció que me hicieran la revisión médica. Pensé que lo que decían del Padre N sí era verdad porque hasta revisión médica iba a tener sin tener que insistir al superior.

Llegamos al hospital X pero no nos dirigimos a la sección de medicina preventiva. Yo acompañaba al padre. Me dijo que esperara en una salita. Fue todo muy chocante. Yo estaba esperando y el Padre N. salió hablando con un psiquiatra. Después el psiquiatra habló conmigo. Seguramente en esa conversación, el Padre N. le había dicho que yo presentaba con síntomas de una persona enferma. Por ello cuando yo pasé al consultorio el diagnóstico ya estaba hecho. Cuando pregunté al psiquiatra cómo sabía que yo tenía esa enfermedad, me dijo que yo presentaba ciertos síntomas muy extraños. Entonces yo dije que no me parecía que yo tuviera esos síntomas. Ahí fue cuando el psiquiatra dijo que si no me daba cuenta de mis síntomas sería necesario internarme en la clínica porque eso sería una señal de que mi enfermedad estaba en un estado muy avanzado. ¿Cuál enfermedad? Entonces con calma preferí aceptar todo lo que él me dijo para resolver el problema fuera del consultorio conversando con mis Superiores. No me pareció que tuviera sentido argumentar con el psiquiatra sobre mi salud mental después de que un Superior lo había convencido de que yo hacía cosas raras.
(Comentario: el superior en cuestión aprovechó su investidura sacerdotal para convencer al psiquiatra del deterioro mental de su súbdito.)

Nunca obtuve un documento de mi internación en la clínica. No sé cuántos días estuve allí; no sabía si era de día o de noche. Pudo ser dos días, pudo ser un mes, no sé; me metían algo y ni hablar podía. Cuando salí me llevaron a la casa donde vivían los Padres N., N. y N. Me aislaron en un cuarto aparte y el Padre N. me cuidaba. Fue muy caritativo conmigo.

Cuando salí del hospital vino el Director Territorial, Padre N. y el Padre N., Asistente de la Vida Religiosa, que me había engañado con lo de las vacaciones. Hablamos los tres y me dijeron que mi tratamiento no había terminado. Les pregunté por qué razón querían hacerme pasar por ese tratamiento y les pedí que por caridad no siguieran adelante porque eran drogas muy fuertes y estaba teniendo consecuencias en mi salud. El Padre Director Territorial respondió que no dependía de ellos; me dijo que estaban siguiendo instrucciones de “Nuestro Padre” y que ellos sólo estaban obedeciendo.

Después de haber llegado a la casa, a los pocos días el psiquiatra dijo que yo estaba teniendo una recuperación maravillosa. Días después dijo que yo no tenía ninguna enfermedad y delante del Padre N. dijo que había que retirar los medicamentos inmediatamente. Pero el Padre N. me dijo luego que yo continuaba enfermo y me mandó tomar los medicamentos. Aquí puedo decir que estuve al menos tres meses en “tratamiento” encerrado en esa casa que muchos Legionarios conocen pero que no se imaginan.

Pero le voy a contar como me curé milagrosamente de un día para otro.
Tenía ya mucho tiempo sin comunicarme con mi familia y era el día de mi cumpleaños. No sé cómo pero mi mamá consiguió el teléfono y habló a la casa donde yo residía. Yo no recibía ninguna llamada y nadie sabía que estaba yo allí -al menos eso creía. Pero era el día de mi cumpleaños y la señora que cocinaba contestó el teléfono y me pasó la llamada. Pero el efecto de la medicina de las 8:00 no se me había pasado así que no podía hablar bien porque no controlaba bien los músculos faciales; no hablaba como borracho sino como mongolito porque era como si las palabras se me escurrían de la boca. Yo le dije a mi mamá que no me pasaba nada pero ella se puso a llorar y yo me angustié y más se me complicó más la lengua. Entonces ella cortó la llamada.

A los pocos minutos habló por teléfono mi papá y yo seguía sin poder hablar, entonces le arrebató el teléfono mi hermano mayor y me dijo que venían a visitarme que dónde estaba. Yo no sabía el domicilio de la casa pero dije tal ciudad y como está cerca de esa ciudad dijeron que tomaban el primer autobús hacia acá. Venían mi papá y mi hermano.

A la hora de almorzar fui al comedor de los padres y le dije al Padre N. con mucha satisfacción que como era mi cumpleaños me venían a visitar. Se paró inmediatamente y le habló por teléfono al superior local que vino al final de la tarde (el tiempo que le llevó llegar desde su residencia). Me dijo que les dijera a mis familiares que no podían visitarme; que les hablara para que no vinieran. Me molesté y le dije que ellos no tenían voto de obediencia y que además seguramente ya venían en camino. Entonces cambió de tono y me dijo que les dijera que no vinieran porque “Nuestro Padre” me había cambiado al territorio de X y que mi avión salía pronto y cuando llegaran yo ya no iba a estar. Le dije al superior que me habían dicho que yo estaba enfermo pero él respondió que ya me había curado y que preparara mis cosas.

Cuando el superior local se fue, fui a hablar con el Padre N. que me había cuidado tan caritativamente Me dijo que debía darle gracias a Dios por haber recuperado la salud. Ahí yo respondí que yo no creía haber estado enfermo nunca. A ese punto, abriendo unos ojos grandes, me miro directamente a los ojos y enfatizando sus palabras me dijo: “Yo tampoco pienso que en realidad usted haya estado enfermo, pero no lo diga… ¿Qué no se da cuenta en que si Usted insiste en que nunca estuvo enfermo, los superiores lo van a dejar más tiempo aquí? Usted tiene que ir con sus Superiores y agradecerles todo lo que han hecho por usted para curarle, solo así lo van a dejar en paz”.

Fui al lugar a donde me destinaron. Y así se deshicieron de mí borrando el rastro.
Ahí comenzó para mí un calvario distinto; había suspendido las medicinas de golpe y mi cuerpo ya era adicto a ellas. Sufrí unas crisis de ansiedad espantosas, dolores de cabeza terribles, insomnios…

Los superiores en ese lugar se portaron de una forma opuesta a los anteriores. Pedí ir al doctor porque necesitaba algún medicamento para calmar la ansiedad que estaba experimentando al no tener la dosis diaria, pero el superior me dijo que era porque yo no sabía trabajar con pobres. Entonces a escondidas pedí limosna a la gente para poder ir al doctor. Pagué el pasaje y gracias a Dios el doctor no quiso cobrarme. Le expliqué mi situación y me analizó. Me hizo análisis de sangre.
Después me consiguió cita con un especialista; a todas estas citas acudí con dinero que pedía de limosna. El especialista en tal ciudad me dijo que desde el punto de vista médico era imposible que yo hubiera padecido una (nombre de enfermedad) y que antes de un año estuviera completamente curado; es decir, que nunca tuve esa enfermedad. También me explicó que la medicina que tomaba no debía suspenderse repentinamente porque desequilibra los niveles de… en el cuerpo y de allí mi ansiedad y la falta de sueño. Me prescribió varias medicinas. Pero como yo dudaba ya bastante de los doctores, aprovechando el viaje de ejercicios espirituales, fui a ver al Dr. X. en quien confiaba; básicamente me dijo lo mismo –que yo estaba bien- Así que comencé a tomar medicinas para recuperarme.

Les cuento que la Legión no me dio ni un centavo para las medicinas porque eran carísimas. Yo andaba pidiendo limosnas y haciendo colectas para mi medicina. No le contaré pero hablé con el Padre Y y con el Padre Z. sobre la necesidad que tenía de esas medicinas. El Padre Y me dijo que el seguro no las cubría.

Un psiquiatra que me revisó siete años después me volvió a repetir que era imposible que yo hubiera tenido (nombre enfermedad). Él me dio de alta. Ahí dejé de tomar medicinas -siete años después de lo que la Legión me hizo. Casi todo fue pagado (las medicinas, porque las consultas no me las cobraban) por seglares y gente pobre. Si Ud. quiere más datos puedo referirle a los Dres. X, Y y Z, pues esos tres médicos me diagnosticaron y tienen registros médicos míos.”

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